aprender a competir

Artículo escrito para la revista Esport Talent Canarias  2/04/2024

El día de la competición deportiva es uno de los más importantes para los deportistas y/o jugadores. Es el culmen del trabajo tanto físico como mental. Como psicóloga, conozco el papel que los profesionales tenemos que realizar a la hora de preparar a los jugadores, sin embargo, la situación cambia cuando somos nosotros los que competimos. En este caso, ese día era yo quien competía.

Esa sensación de ponerte los auriculares y tu canción favorita antes de salir a competir es incomprensible e indescriptible. Las emociones están a flor de piel y se siente la adrenalina, la motivación, la ilusión y el orgullo personal por enfrentarte a un miedo y a ti mismo/a.

Hay muchas variables psicológicas que influyen en el rendimiento deportivo. Por un lado, están las motivacionales, influyen en la motivación y el estado de ánimo del jugador. La atención y concentración también son dos factores importantes que median directamente en el rendimiento. De tal forma, si el deportista no está concentrado es más propenso a realizar fallos e incluso a lesionarse. El estrés o la presión y las estrategias de manejo de estas también son relevantes. En definitiva, los deportistas deben ser capaces de poder gestionar de forma funcional cantidad de emociones, sensaciones, estados anímicos, etc…

Pero ¿Cómo se prepara psicológicamente una psicóloga a la hora de competir? “Consejos vendo que para mi no tengo”, fue lo primero que se me vino a la cabeza a la hora en la que me inscribí. Comencé a pensar qué objetivos tenía para la competición, qué me motivaba a apuntarme, por qué lo hacía… y comencé a “tirar del hilo” de mis pensamientos… A las personas a las que nos gusta competir y trabajar para dar nuestro 100% sentimos la competición como una forma de reinventarnos, de lograr nuestros objetivos y de ser capaces de evolucionar tanto mental como personalmente. Sorprendente e intencionalmente todavía no he hablado del éxito y fracaso.

Muchos deportistas y players piensan que el éxito es un objetivo. Ciertamente lo es a nivel organizacional, para la industria y a nivel económico; y en menor medida motivacional. Sin embargo, Melzhet, entrenador de uno de los mejores equipos de League of Legends de Europa, encuadró en una entrevista muy bien lo que es ganar: “Ganar es una consecuencia, no el objetivo”. Tan importante es saber encuadrar y gestionar el éxito como el fracaso.

Mi preparación psicológica para la competición comenzó, sin yo saberlo, con una visita en mis vacaciones al equipo de League of Legends donde hago mi trabajo de psicóloga. En ese momento volví a reconectar con la idea de competir, ya que no lo hacía desde hacía mucho tiempo. Ahí decidí que lo haría en el deporte que practico desde hace un tiempo, en escalada. Pero no para ganar, sino para darme el lujo de poder reinventarme. Mi objetivo en la competición ha sido, es y será reconectar conmigo misma.

Durante estos meses de camino, la motivación no ha sido lineal, y la realidad es que en procesos largos de preparación y/o competición no lo es. En aquellos momentos donde es baja o tiende a ser pesimista, es necesario buscar apoyos que te validen y te permitan sentir las emociones. Sin embargo, también deben de ser capaces de animarte y en el caso de que sean personas, apoyarte a lo largo del proceso para conseguirlo. Hay algunas que son faros en una metáfora donde el mar son nuestros pensamientos y emociones. Estas personas son capaces de guiarnos en la noche. Conocer y apoyarse en estos faros es fundamental y enriquecedor. Según la RAE la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos se llama resiliencia. Los faros permiten y en cierta forma posibilitan que seamos resilientes. En la competición donde se gana y se pierde, esta capacidad es fundamental. Como he apuntado anteriormente, ganar se puede considerar una consecuencia, no un objetivo sin un trabajo psicológico detrás. La realidad es que cuando se pierde, dependiendo de cómo se haga y cómo sea la persona, debe ser resiliente.

El deportista o jugador también debe tener en cuenta la palabra responsabilidad y lo que implica. Uno de los principales problemas con los que los psicólogos/as nos encontramos trabajando en equipos es el burnout debido a la sobre-implicación. Esta respuesta emocional se da por la necesidad de control y de protección hacia algo, retroalimentada por un sentimiento de responsabilidad extraordinario hacia personas, situaciones, etc… En mi caso, mi responsabilidad en esta competición era ir a entrenar y trabajar, sin embargo, en equipos deportivos donde precisamente se compite en equipo, la responsabilidad y la sobre-implicación deben ser trabajadas de forma profesional, proactiva y preventiva, hasta que la intervención sea reactiva, cuando ya ha aparecido el síndrome.

Todo este artículo tiene como punto angular un valor y una emoción. La pasión. Es diferente la pasión que yo le pongo a mi trabajo como psicóloga de esports que como deportista. La primera es un valor que ayuda a que mi trabajo sea competente, bueno, empático y quiera seguir aprendiendo y mejorando para poder ayudar a los players de forma integral y holística. Sin embargo, es importante que desde mi figura profesional mantenga la objetividad y ponga límites emocionales para hacerlo bien. Por otro lado, la segunda es una emoción que me permite sentir y esforzarme al máximo, incluso en los días donde la emoción predominante es la pereza. La pasión de ambos ámbitos converge en el sentimiento de orgullo de mí misma por hacer lo que me gusta y conseguir mis objetivos.

Fue la primera vez que competí en este deporte. No la gané, pero enfrenté un miedo. Tuve éxito haciéndolo, siendo resiliente y estando orgullosa de mí misma. Conseguí mi objetivo, disfrutar del camino, y poder reinventarme para la siguiente.