Hace algunas semanas participé con mis amigos en la prueba de Soka del Soka&Block, una competición popular organizada por el rocódromo del que soy socia y la escuela de montaña de Antsoain. Participar con mentalidad de disfrutar (sin dejar de performear bien) fue sin duda la mejor de las decisiones que tomé ese día (y me atrevo a decir de lo que lleva de año). Te lo cuento.
Durante este año, he estado entrenando de forma bastante intensa y enfocada a la escalada de bloque (Block) para la prueba que tendrá lugar el 28 de este mes en el roco (Bihatz). Sin embargo, hoy no vengo a contar una historia de superación ni de motivación, sino a la importancia de no perder el foco de disfrutar de lo que se hace y confiar en el proceso.
Hace varias semanas me descubrí pensando de forma casi obsesiva con el rocódromo, escalar, estar más fuerte y aumentar la intensidad de mis entrenamientos para llegar en la mejor forma y “en mi prime”. Creatina, proteína, déficit calórico, ejercicio tal, ejercicio cual, hangboard, panel, campus, tindeq… ¿¿Te suenan??
Ahora lo veo ya incluso hasta lejano, pero qué peligroso es decir quiero estar o estoy en el estado de “prime”; como si lo de antes no hubiera sido importante y solo importara el ahora.
Tuve una conversación con un amigo recientemente, donde hablábamos de proyectos, de la vida y de lo que costaban las cosas que realmente queremos y merecen la pena. Lo cierto es que me gustaría que incluso te tomaras un tiempo para reflexionar en esta afirmación. Porque es verdad: lo que queremos de verdad, nuestros mayores o mejores proyectos, no se consiguen de un día para otro.
En todo este trajín de entrenos y disciplina, se me olvidó disfrutar. Lo curioso es que no me di cuenta hasta que llegó el Soka, y dejé atrás la meta y etiqueta de “ganar, ganar, mejorar, mejorar” y pasé a la de “disfrutar y escalar”. Y disfruté, y vi la carencia que más me limitaba: que no lo hacía.
Ya unas semanas después y escribiendo estos textos, realmente pienso ¿En qué momento me perdí, y qué hice mal para que lo que considero mi pasión ya no me apasionara y solo pensara en ponerme fuerte?
Y en ese momento lo vi, simplemente, la meta la relacionaba con un ser y un estar que quería conseguir, por mí y por mis compañeros. Por creer que ganar esa disciplina era salir de la zona de confort. Qué equivocada estaba. Eso no era salir de la zona de confort más allá de levantar más peso en dominadas lastradas o dar mejor puntuación en el tindeq. El verdadero reto y el salir de mi zona de confort fue darme cuenta de que lo que pesa es el camino, y por supuesto que importa llegar, pero más importa cómo llegas.
Y escribiendo esto repito y repito en mi cabeza parte de un poema que un buen amigo escribió en su libro (1):
“Se trata de no quedarte quieto, pero también de parar; de moverte, de correr, pero también respirar; de nunca rendirte, pero también abandonar”.Se trata de ser tú y de disfrutar.
Así que a mi yo del futuro y a ti que has llegado hasta aquí… disfruta. Disfruta de lo que te gusta y de lo que no, y, aunque te pierdas en el camino “al prime”, el prime también es reconocer que estás perdido y que también es parar, abandonar.
A ti y a mí, disfrutemos de la vida y de escalar, de la gente y del mar. De las montañas y de la comida. De las idas y venidas.
(1) Libro: No hay luz sin oscuridad – Amaiur Moreno.
Os dejo también fotos de la competi hechas por Juan Goyache.







